Cuadernos
Jardín de los Perales
Bordados de la Ópera de Pekín
Núm. de artículo 9781439781760
- Interior: Liso
- Cierre: Con Solapa
- g/m2 (peso del papel): 120 gsm
- Impresión decorativa: No
- Tipo de bolsillo: Bolsillo Interior
- Marcador de cinta de satén
- tableros de encuadernación 100% reciclados
- papel de portada decorativo impreso
- Guardas con información de créditos y copyright, así como antecedentes históricos para la obra de arte original
- Puntadas con hilo y pegamento, según sea necesario
- Papel de bosque sostenible sin ácido
- Bolsita memento
Tenemos muy en cuenta el impacto medioambiental en nuestros procesos. Por eso solo utilizamos papel fabricado a partir de pasta papelera de bosques sostenibles, nuestras tapas de encuadernación llevan materiales 100 % reciclados.
La tradición de la ópera, tan popular en Italia, se remonta en realidad a los albores de la antigua China. Durante la dinastía Tang (618-907), el emperador Taizong fundó una escuela de ópera llamada Liyuan (‘Jardín de los perales’), que consolidó la importancia de este género musical en China.
La ópera china alcanzó su máximo esplendor bajo el auspicio de la dinastía Qing (1644-1911), que dio origen a la famosa Ópera de Pekín. En sus inicios, los actores varones representaban todos los papeles, incluso los femeninos, y el vestuario reflejaba la identidad y el carácter de los personajes. En esta cubierta reproducimos el bello bordado de una falda utilizada por un actor de ópera china.
En el siglo XX, la Ópera de Pekín había alcanzado tal nivel de popularidad que se consideraba el «teatro nacional» de China. Tristemente, la rebelión de los bóxers en 1900 supuso el gran declive de la ópera, ya que la agitación política y cultural relegó el entretenimiento a un segundo plano. Este colorido diseño celebra la historia de los músicos y actores chinos, y su papel esencial en el desarrollo de la ópera tal y como la conocemos hoy.
Cuando pensamos en la ópera, solemos relacionarla con Italia, cuna de famosas producciones como La bohème, Rigoletto, Tosca y El barbero de Sevilla. Sin embargo, una de las versiones más antiguas de esta tradición dramática es la ópera china, cuyo origen se remonta a los primeros tiempos de la historia del país asiático.
La ópera china nació con los actores teatrales que contaban sencillas historias populares, pero en la época de la dinastía Tang (618-907) había alcanzado tales cotas culturales que el emperador Taizong creó una escuela oficial de ópera. La academia llevaba el poético nombre de Liyuan (‘jardín de los perales), y a partir de aquel momento se utilizó el término «discípulos del jardín de los perales» para referirse a los intérpretes de ópera china.
Los siglos XVIII y XIX asistieron al cénit del teatro chino. Bajo el auspicio de la dinastía Qing (1644-1911), la Ciudad Prohibida se llenó de representaciones operísticas, y eso constituyó el germen de lo que se conoce como ópera de Pekín. Este género se caracterizaba por el uso limitado del atrezo y los telones de fondo, con el fin de resaltar los exagerados gestos, movimientos, maquillaje y vestuario de los actores.
En los inicios de la ópera de Pekín, todos los papeles eran interpretados por hombres, incluso los femeninos (conocidos como dan). El vestuario se utilizaba para reflejar la identidad y la personalidad de los personajes y con frecuencia hacía las veces de atrezo. En esta cubierta hemos reproducido el bello bordado de una falda utilizada por un actor de ópera china.
La ópera de Pekín sigue siendo el tipo de ópera china más conocido, ya que es una mezcla de varios estilos regionales. Llegó a ser conocida como el «teatro nacional» de China en los albores del siglo XX, antes de que entrara en declive tras la rebelión de los bóxers de principios de siglo. Durante la rebelión, los grandes teatros de la capital quedaron reducidos a cenizas, y la ópera, que había sido el principal entretenimiento de la población urbana y rural, quedó relegada a un segundo plano durante los años posteriores de agitación política y cultural.
Con la llegada del siglo XXI, solo quedaban 162 formas identificables de ópera china en la lista de patrimonio cultural inmaterial del país, frente a las más de 350 que había en 1957. La tradición se mantiene gracias a la generación de más edad, que escucha óperas grabadas cuando no hay actuaciones en directo. Con la reproducción de esta delicada y colorida pieza bordada de vestuario operístico, queremos compartir una parte de la rica historia de la ópera de Pekín y contribuir a que se conozca el papel que han desempeñado los compositores y actores chinos en el desarrollo de la ópera tal y como hoy la conocemos.













